La computación afectiva es el campo de investigación en el que se desenvuelve el español Javier Hernández, miembro del equipo de Roslind Picard en el MIT. Su trabajo está destinado a conseguir que las máquinas aprendan a medir los patrones biométricos de las personas que los utilizan de una manera fiable, reconozcan las emociones, y finalmente adapten el entorno para que esas emociones puedan ser gestionadas más eficazmente. Las aplicaciones prácticas de estos avances permitirán, por ejemplo, que los coches puedan saber si el conductor está estresado y actuar en consecuencia.

Texto: José L. Álvarez Cedena