¿Te imaginas un anuncio de empleo “Se busca jefe de felicidad”? Pues más allá de ser ciencia ficción empieza a ser una realidad. Y es que cada vez más las empresas buscan a personas que motiven y satisfagan a los trabajadores, en definitiva sean un incentivo y recurso necesario para la gestión de personas.

Como debe ser un jefe de felicidad

Para ser un buen candidato al puesto de jefe de felicidad, que algunos denominan coach interno e incluso haciendo uso de anglicismos Chief Happiness Officer se requiere ser una persona que promueva planes de acción y metodología que permita a los empleados su desarrollo y crecimiento constante a nivel profesional y personal.

También se exige capacidad de comunicación, de escucha activa, de búsqueda de soluciones a hábitos improductivos, de potenciar espacios de creatividad, apostar por la colaboración mutua entre compañeros, hacer partícipes y protagonistas a los trabajadores, en definitiva, lo que se denomina vulgarmente “fomentar el buen rollo laboral”, resolviendo conflictos, favoreciendo la conciliación, apostando por un entorno acorde con un clima positivo y optimista.

Se precisa además tener un enfoque que vele por la integridad de las personas, que centre su atención en lo racional y emocional, que constituya un elemento fundamental que garantice modelos de trabajo en equipo, garantizando resultados que redunden en beneficio de todos.

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Jefe de felicidad, un perfil demandado

Cada vez más se exige en los trabajos no sólo un aporte económico sino también un beneficio emocional, hecho que atrae talento, dado que el bienestar es un bien preciado para los trabajadores. Por ello, cada vez están más activos los perfiles que incentivan esas circunstancias favorables que hacen que la empresa tenga mayor atractivo.

Sin duda, la felicidad es sinónimo de proactividad, de creatividad, de búsqueda por alcanzar resultados más productivos, de perseguir una marca personal, de compartir, de potenciar la riqueza del profesional como trabajador y también como persona. Además, el clima favorable evita la fuga de talentos y  la pérdida de inversión en formación.

Es por ello que apostar por un perfil como el del jefe de felicidad que promueva el bienestar laboral no es cuestión baladí sino que es un beneficio que redunda en la empresa generando imagen, reputación, fomentando una mejor relación con clientes, orgullo de pertenecer a una marca corporativa, identificación de los trabajadores con su compañía. Se trata de que el ambiente positivo genere un clima que repercuta en satisfacción no sólo en el plano profesional sino también en el más íntimo y personal.